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lunes, 27 de mayo de 2013

Los Buenos Europeos - Félix Duque


Europa es Europa cuando, por ejemplo, alguien piensa en francés y termina siendo leído en alemán", explica el filósofo Félix Duque. No se trata de algo que se limite a estas dos culturas. El ganador del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2003 está convencido de que el futuro de Europa pasa por entender que nunca podrá tener una identidad homogénea. En su libro Los buenos europeos. Hacia una filosofía de la Europa contemporánea (Nobel) desarrolla la idea de que el mayor potencial del continente es su naturaleza híbrida y su capacidad para articularse "a través de nudos con los que tejer una red". A diferencia de Estados Unidos, comenta este catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, "no estamos obligados a ser una piña".



El gigante norteamericano y la Unión Soviética han sido los extremos de una pinza que ha estrujado hasta el final de la guerra fría a "esta pequeña península de Asia volcada sobre el Atlántico" . Pero algo comienza a moverse en Europa. Francia y Alemania muestran opiniones propias frente a Estados Unidos y convierten a la OTAN en un instrumento poco operativo. Tampoco es que hayan triunfado, porque existe "un juego de equilibrios a múltiples niveles, y esto es enriquecedor. Hay naciones que funcionan como atractores y otras que se adhieren como orlas". Hoy Polonia apoya en lo militar a Estados Unidos, pero eso puede variar "porque ese país económicamente es Europa", explica Félix Duque.




Un banco, un ejército




El filósofo recuerda una vieja noción de patria: "Un banco central, un sistema universitario y un ejército", para continuar detallando que "el banco ya está funcionando en Francfort y cada vez son más los profesores y los alumnos que hacen intercambios entre diferentes países". El asunto pendiente es el ejército.




Duque no quiere llamarse a engaño. Las penínsulas y las islas periféricas de Europa (Reino Unido, Italia, España y Portugal) están comportándose como un corsé que limita el desarrollo de un proyecto de defensa continental, pero "también pueden ser la membrana osmótica que nos mantenga en equilibrio con Estados Unidos".




En Los buenos europeos, Duque revisa la posición de diversos filósofos y sus ideas sobre Europa y las ideas de patria e identidad. Husserl, Heidegger, Unamuno, Ortega y Gasset o Hegel aparecen por sus páginas, pero el autor del libro se queda con el Nietzsche de la etapa de La gaya ciencia y Más allá del bien y del mal, un prototipo de "buen europeo", comenta.




También se aborda el desafío de la inmigración, que para Duque es una oportunidad de que "Europa sea a la vez todo el mundo si sabe aglutinar dentro a las viejas colonias". El futuro se construye "cuando una joven alemana da clases para aprender la danza del vientre con una profesora musulmana y una turca empieza a maquillarse como sus compañeras de trabajo". Reconoce que verlo así puede parecer frívolo, pero que también se trata de eso.

viernes, 12 de abril de 2013

José María Redondo - Fundamentos (La Correcta Interpretación de la Edad de Plomo)




Ortega y Gasset definió el género literario del Ensayo como “la ciencia sin la prueba explícita”. La lectura de esta Obra nos invita a preguntarnos si efectivamente ésta constituye un ensayo o, ante las pruebas que aporta y lo que nos impulsa a deducir, la Obra sobrepasa éste género y nos presenta una evidente realidad del mundo actual o Edad de Plomo. Sea como fuere, la intención explícita de los autores no es otra que la de abrir la conciencia a quienes potencialmente estén dotados, y de forma general, ilustrar el motivo discordante que mantienen con la historia oficial, que en nada se corresponde con los razonamientos ofrecidos por el Systema.

La Obra no hace concesiones y con un criterio propio, pero bastante objetivo, trata de colocar a cada cual en el lugar que le corresponde. Así, en el apartado sobre España, Franco es colocado ante la Historia como pieza clave en la derrota militar del Eje. No en vano, su negativa a pasar al terreno beligerante permitió a los británicos el dominio del Mediterráneo, y la posterior invasión de Italia a mediados de 1943. También es duramente criticada la ambivalente política exterior del Régimen, que a partir de 1943 se iría escorando hacia el campo aliado. Serrano reconoció que la neutralidad española beneficiaba netamente a los aliados.
Treinta años tolerados —el resto de la vida de Franco— en una burbuja totalitaria, con progreso y capitulaciones, fue el pago que los vencedores, por imposición de los usakos más pragmáticos que los británicos, dieron a Franco no a España, por los servicios prestados a la causa democapitalista. Como era preceptivo y forzoso, la Falange fue laminada y diluida en la amalgama del Movimiento. Lo que aconteció después fue exactamente lo que Franco había advertido hasta en su testamento, pero que nunca llegó a imaginar llegaría de la mano de aquel a quien había designado como Sucesor. El “atado y bien atado” fue el reverso de Hendaya treinta y cinco años después.
En su primera parte, la Obra desarrolla una comparación probatoria de que todos los acontecimientos del siglo XX estaban ya anunciados en los conocidos Protocolos de Sión, y en consecuencia, las guerras mundiales, la globalización, la propaganda y el desatinado ritmo de vida son hechos procedidos de aquellas actas, como paso obligado hacia la síntesis de pares hostiles, filosofía que Hegel había expuesto y definido como el único camino posible para llegar a la convergencia absoluta, al margen de si ésta es positiva o negativa.
Queda demostrado así (Q.E.D.) las diferentes circunstancias que se dieron en ambos Casus Belli Mundi, pues si en 1914 fue el factor económico, en 1939 fue el factor ideológico de la nueva Weltanschauung nazi. Así mismo, se hace una exposición de las causas que obligaron a Hitler a aceptar la inevitable guerra impuesta y como las naciones de Europa fueron lanzadas a la contienda mediante la propaganda y el enredo político del gobierno británico instigado por Churchill, que a su vez estaba respaldado por el Sheriff Roosevelt y el Shinedrio, organizadores ambos de la guerra en el Pacífico. Lo cierto y por encima de la eliminación del Reich, es que la Europa liberada pasó a ser una colonia de los dos únicos vencedores que se la repartieron, sin que fuera posible la síntesis buscada.
Las posteriores guerras locales, fraticidas o no, por el control del mundo repartido, el nuevo colonialismo derivado del desguace de los Imperios británico y francés, la Guerra Fría, los disidentes, los desviados y los desmanes del capitalismo y el comunismo, ramas ambas del mismo tronco systémico y compañeros de viaje para la eliminación de la Bestia Parda, son las otras cuestiones tratadas en esta parte del libro.
La segunda parte realiza un análisis de las corrientes filosóficas que contemplan y razonan la gobernabilidad de las naciones desarrolladas. Para ello se eligen las figuras de Spengler, Pareto y Rousseau con sus diferentes posturas —a veces complementarias— a la hora de examinar los problemas y las soluciones, como el progreso, la libertad, el orden y el actual de la inmigración. Como ejemplo, se ofrece una variante democrática, sin partidos, que a “nadie” se le ha ocurrido proponer y que evitaría la corrupción y dependencia financiera del sistema partitocrático.
Se cierra el libro con una exposición del actual imperio del kaos inducido, la globalización, el gendarme usako y unas ideas para superar la atrofia mental que el Systema genera. Según el autor, la recuperación de los antiguos valores tradicionales y el conocimiento de sí-mismo, principios de la filosofía desarrollada por Platón, son imprescindibles para la recreación del nuevo hombre y la amortiguación de la catástrofe que constituye el final de un ciclo o deucalión hörbirgeriano. Se trata, ni más ni menos, que evitar el no tener que partir otra vez de cero.